miércoles 9 de junio de 2010
Richard Dawkins Explica porque no debate con Creacionistas
¿Debatiría un especialista en reproducción con alquien que sostiene la "teoría de la cigüeña"?
Una Valiosa Reflexión
La frase de Dawkins al final del video es muy buena y precisa. No hay más que decir.
domingo 14 de febrero de 2010
PODER

lunes 21 de diciembre de 2009
RITALIN Y RIVOTRIL: LA FELICIDAD INFANTIL
Es genial. Y sin embargo, hace unos días me descubrí aconsejándole a una muchacha recién emparejada que no tuviera hijos, que lo pensara mil veces, que no se puede seguir cometiendo injusticias para con seres que no saben a lo que vienen, porque tampoco nadie sabe a lo que vienen después de un largo umbral de malos augurios. Este diálogo con la joven surgió luego de que a mi vez yo hubiera estado escuchando en una reunión a una chica genial, dueña, directora y maestra de un kinder que conduce con amor, empatía, por eso del país y las maravillas. Alicia está bastante aterrada. En el kinder tiene una cincuentena de niños entre los dos y los cuatro años. Me asegura que más de la mitad está en tratamiento con Ritalin, el famoso metilfenidato que psiquiatras y neurólogos recetan como quien vende lentejitas de D’Onofrio, para controlar el trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Todas las que escucho salir de los labios de Alicia son palabras nuevas para mí, sobre todo la alta proporción de niños signados por esas palabras, que bien no suenan, seamos sinceros.
Le pregunto a Alicia de dónde sale ese trastorno, en qué consiste y qué peligros comporta para el niño y la familia. Cuidando cada una de sus frases intenta responderme: el TDAH califica a los niños inquietos, traviesos, juguetones que se rehúsan a pasar una hora entera frente a un computador en clase de computación (¡a los cuatro años!). “Hay casos extremos, es cierto, ingobernables, pero no son la mitad de los niños de Lima”, sentencia Alicia. Los peligros, continua, no son para el niño, son para los padres. Resulta que si los chicos no empiezan a rendir como grandes, con estándares de atención, comprensión y desempeño correspondientes a muchachos con el doble de edad, por lo menos , papá y mamá ven allí esfumarse la posibilidad de que ingresen al mejor colegio de la ciudad donde les enseñan a ser unos ganadores, donde se relacionan con los vástagos de lo mejorcito, donde no hay distingo con estar viviendo en Florida, salvo la garúa y un par de lisuras peruanas que sueltan por ahí los jardineros. Entonces, Ritalin.
Con Ritalin el chico está sedado, tranquilo, aparentemente atiende, no hace bulla, no se mueve. Otro ladrillo en la pared, cantaba Pink Floyd. Pero Alicia va más allá: las maestras de los nidos también están felices con el medicamento porque así el establecimiento puede recibir mayor cantidad de matriculados ya que cuando están dopados resultan más manejables. Quedo helado al escuchar a Alicia y le hago la estúpida pregunta “¿Y nadie hace nada para aclarar y combatir esto?”. La respuesta es que el mundo hay un intenso debate respecto al soporte ético de estos diagnósticos y, sobre todo, de estas prescripciones farmacológicas tan ligeras. La subversiva antipsiquiatría en los Estados Unidos se toca con la conservadora Cienciología en eso de cuidar un poco más la salud de los niños, separándolos de la neurosis exitista de sus padres. En el mundo, pero no en el Perú. “Tengo una niña que me parte el alma”, me cuenta Alicia mientras cierra su cartera pues debe partir. “A los tres años ya está tomando Rivotril porque según su mamá, no puede dormir bien”. Le confieso que estoy espantado, sonríe cansada y me retruca: “la próxima vez te puedo contar de los casos de anorexia infantil. Mamás que ven a sus niñitas como unas cerdas sin futuro de pasarela y les inyectan un mensaje letal de que comer hace daño, vieras las loncheras: galletas de agua, un tomate, una botella de Evian”. No tengas hijos, muchacha, o antes aprende a vivir.
lunes 23 de noviembre de 2009
MÍNIMO SUFRIMIENTO SOPORTABLE
Esto nos hace pensar en nuestra responsabilidad personal. Y esta no es la de esperar que la vida en algún día de hermosa primavera nos muestre su rostro delicado y maternal y nos guíe por la senda hacia la meta anhelada. ¡NO! La vida trae consigo, o por mejor decir, la vida es amarga e imposibilitante, una promesa incumplida. Pero se puede sobrellevar con disciplina personal y flexibilidad psicológica. Arduo trabajo.
Para la mayoría de nosotros que aparentemente tenemos más amenazas que oportunidades, aquellas palabras, que a mi juicio no pecan de obvias, deben ser nuestras a modo de máxima indiscutible. Empecemos.
- La psicología es una herramienta muy necesaria para el desarrollo personal. El desarrollo personal exige sacrificio y entrega. Luego, la psicología está confinada al fracaso.
- Si te sientes avasallado por todo y piensas que la vida no merece ser vivida. ¡Suicídate! Pero hazlo por ser un egoísta estúpido. No hay nada peor que hacer las cosas por la razón equivocada.
- El optimismo no debe nublarnos la vista. No se puede proponer medidas alegres cuando lo que reina es la mediocridad y la estupidez.
- Sensación de bienestar y estabilidad. Somos seres sociales. Brillamos por nuestro raciocinio. ¿Cómo formo una oración coherente con esas frases?
viernes 13 de noviembre de 2009
lunes 14 de septiembre de 2009
APRENDER A SER FELICES
ACERCA DE LO QUE SE PROPONE EN ESTE VIDEO ME PERMITO DECIR LO SIGUIENTE:
Buscar y tener un actitud positiva hacia “vivir” es conveniente y deseable porque nos permite levantarnos todos los días por la mañana, asearnos, trabajar, relacionarnos, pensar, proyectarnos, proponer mejores cosas y, al final, dormir. Lo contrario es la apatía, la depresión y la indolencia. Este sería un optimismo de sí haré lo que debo hacer y es un optimismo necesario. Pero existe el otro, el optimismo inútil, el que pretende vender la psicología positiva y que estaría más cerca de lo que pretende un libro de autoayuda que de una postura seria. Creer que una persona normal puede trascender fácilmente (y me atrevería a decir que incluso arduamente) a las presiones de la edad, el sexo, la inteligencia, el nivel de formación o los recursos económicos parece una ingenuidad. Tendría que llegar a niveles de disciplina personal que le permitan evitar la potente influencia de los medios globales que aspiran y homogenizan sin compasión a las personas. Y esto pocas veces sucede.
Por otro lado, vender la creencia de que la felicidad es una meta deseable y alcanzable es más de lo mismo en esta línea de la estupidización.
Finalmente cito textualmente a Norberto Bobbio y me sumo a él:
“Soy un pesimista ilustrado. Soy, por así decirlo, un ilustrado que ha aprendido la lección de Hobbes, de De Maistre, de Maquiavelo y de Marx. Me parece, además, que la postura pesimista se adecua más al hombre ilustrado que la postura optimista. El optimista siempre implica ciertas dosis de entusiasmo, y el hombre ilustrado no debería ser entusiasta. Y son también los optimistas los que creen que la historia es efectivamente un drama, pero un drama con final feliz. Sólo sé que la historia es una drama, pero no sé, porque no puedo saberlo, que es un drama con final feliz. Los optimistas son los otros, los que como Gabriel Péri, que muriendo gloriosamente dejó escrito: ‘Prepararé dentro de poco las mañanas que cantan’. Las mañanas han llegado, pero los cánticos no los hemos escuchado. Y cuando miro a mí alrededor, no oigo cánticos sino rugidos.
No querría que esta declaración de pesimismo se entendiera como un gesto de renuncia. Es un acto de sana austeridad tras tantas orgías de optimismo, un prudente rechazo a participar en el banquete de los retóricos siempre festivos. Es un acto de saciedad, más que de disgusto. Y, además, el pesimismo no refrena la laboriosidad, sino que la encamina y dirige mejor a su objetivo. Entre el optimista cuya máxima es: ‘No hagas nada, ya verás como todo se arregla’ y el pesimista que replica: ‘haz lo que tengas que hacer, aunque las cosas vayan de mal en peor’, prefiero el segundo, […] No digo que los optimistas sean siempre fatuos, pero los fatuos son siempre optimistas. No logro separar en mi mente la ciega confianza en la providencia histórica o teológica de la vanidad de quien cree que es el centro del mundo y que todo sucederá por indicación suya. Respeto y aprecio, en cambio, al que actúa bien sin pedir garantías de que el mundo mejore y sin esperar, no digo premios ni siquiera confirmaciones. Sólo el buen pesimista está en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber”.
