Pesimismo Ilustrado

“Lo vergonzoso no es nunca ignorar una cosa –eso es, por el contrario, lo natural–. Lo vergonzoso es no querer saberla...”. José Ortega y Gasset, citado por M.A.Denegri

domingo 14 de febrero de 2010

PODER


PERMÍTASEME DIVAGAR SOBRE EL ASUNTO DE LA NECESIDAD DE PODER

Es clara la necesidad de todos los humanos de vivir y mantenerse bajo el poder, no concebimos nuestras vidas sin jerarquías y sin que se establezca una relación vertical entre nosotros y los que nos dicen y muestran los límites de nuestro proceder. Por todos lados estamos bajo algún tipo de poder que nos impone la manera supuestamente adecuada de pensar, comportarse, divertirse, sentir, relacionarse, es decir, de vivir. Es algo ya establecido y difícil o imposible de modificar. No tanto por una imposibilidad intrínseca de eliminar las ideas y formas de poder sino por la negativa de los propios sometidos de eliminarlas. El que vive bajo el poder, lo necesita para vivir. La respectiva alienación mental histórica por la que ha pasado el ser humano hace que sea imposible para él imponerse a la noción de necesidad de poder. No imagina un mundo sin poderes y en el que cada uno convive con los demás sin directivas externas que prescriban lo bueno y malo, lo correcto y lo incorrecto, lo adecuado y no adecuado, en suma, lo que se puede hacer y no. La gente va a sufragar, escucha y estima a sus políticos representantes, muestra devoción y religiosidad (la intensidad de la devoción y religiosidad es tema aparte), enaltece a su milicia e impone su economía. Todo ello es lo adecuado y esperable en un mundo en el que la desarmonía y separación hace que deleguemos responsabilidades a centros de poder que hagan efectivo nuestro sentimiento de supremacía. Y continúa el círculo, sometimiento hacia otros y el poder se impone, manteniéndose lo establecido: el poder como máquina que mueve al mundo y que le dicta a las personas que es lo que deben y pueden hacer. Ya Kant lo clasificó en heteronomía y autonomía ética. La casi totalidad de los humanos vivimos y, lo peor de todo, queremos vivir en un estado de heteronomía ética, es decir, debe existir una norma o canon externo que nos prescribe y ordene que es lo que está bien o mal. Nos hemos formado en una estructura y organización a lo largo de la historia que, por supuesto, es poder de cualquier clase y nos da las directrices de nuestra vida.

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