
Al decir Análisis del Comportamiento vienen a colación dos posibilidades: el Análisis Experimental del Comportamiento (AEC) y el Análisis Funcional del Comportamiento (AFC). Para tratar de explicarlos permítaseme las siguientes ideas tomadas de algunos artículos, libros e investigaciones que serán citados detalladamente al final.
La psicología conductista es una corriente de pensamiento con tres niveles de organización científica, que se complementan y retroalimentan recíprocamente: el conductismo, el análisis experimental del comportamiento (AEC) y la tecnología para la aplicación que deriva del AEC, lo que algunos autores han denominado la ingeniería del comportamiento.
El primer nivel se refiere a la filosofía del conductismo o conductismo propiamente dicho, y entiende a este como la ciencia del comportamiento, es decir, como el estudio de la interacción entre el individuo y su contexto físico, biológico y social, cubriendo así un amplio rango de fenómenos psicológicos en los planos lingüístico-cognitivo, emotivo-motivacional y motor-sensorial. Es una filosofía de la praxis no reduccionista (ni fisiologista ni mentalista) que entiende al humano como un ser interactuante en una red compleja, donde se incluyen las demás personas y su ambiente situacional. Este es, en líneas generales, el firme sustento sobre el cual se erige la arquitectura conductual.
El AEC es la teoría-metodología, donde se formulan las categorías, las unidades analíticas, los parámetros, los paradigmas de investigación y las leyes y principios implicados en el manejo de los datos. El análisis se hace sobre lo que se denomina episodio de conducta o segmento de conducta. Las ecuaciones (como por ejemplo: K = f [E,O,R,C]) que implican el análisis de un segmento conductual determinado y representativo cubren todo el espectro organísmico y situacional, como por ejemplo: interrelaciones establecidas entre los factores estimulares, situaciones organísmico-disposicionales, clases de respuestas y consecuencias. Respecto al AEC se puede decir que comprende a su vez al análisis experimental propiamente dicho y al análisis funcional del comportamiento. El primero se refiere a la labor exhaustiva experimental a partir de lo cual se han descubierto y establecido las leyes básicas y complejas del comportamiento humano. B. F. Skinner elaboró este sistema científico y es uno de sus principales exponentes. Por otro lado, el análisis funcional tiene una dirección más práctica y aplicativa en los ámbitos clínico, educativo, social u organizacional, por decir los más conocidos, y se refiere al establecimiento de relaciones funcionales entre variables. Se evita, por las dificultades que acarrea, el concepto de “causa” como factor único de explicación y se propone el de “relación funcional”, entendida esta como la covariación entre los parámetros (frecuencia, magnitud, duración, etc.) de una variable con los parámetros de otra. Es así que, en un sentido estricto, el análisis funcional (AFC) consiste en identificar un subconjunto de las variables funcionales (aquellas que sean importantes, controlables y causales) cuya manipulación resulte en un cambio significativo de una determinada conducta (o conjunto de conductas) en una persona (o conjunto de personas) particular/es.
Por último, respecto a la ingeniería de la conducta, involucra lo tecnológico: todas aquellas elaboraciones procedimentales que, ligadas de alguna manera a los paradigmas de investigación básica y sus combinaciones, se han desarrollado como aplicaciones efectivas. Puede definirse como “la aplicación de conocimientos científicos para la elaboración, perfeccionamiento y manejo de técnicas de establecimiento, mantenimiento o eliminación de conductas”.
Esta es una ligerísima explicación de lo que es la Psicología Conductista y de lo que se propone hacer. A partir de estas ideas se pretendió dar algunas luces acerca de lo que se define como Análisis del Comportamiento, que es probablemente la esencia de este paradigma y de lo que vendría a ser una psicología científica. El análisis del comportamiento va, por un lado, indesligablemente anclada a una filosofía práctica, clara y de amplitud explicativa y, por el otro, determina un nivel de aplicabilidad riguroso, eficaz y coherente. En suma, esta línea de acción nos parece la más sensata en momentos de gran irresponsabilidad intelectual y profesional.
La cuestión ahora no sería si poseemos herramientas y procedimientos rigurosos y confiables, con basamento científico y de probada eficacia. El problema ahora sería si queremos utilizarlos. En este punto es válido decir que no se trata de “vender” la idea de que la psicología conductista sea el medio de cambio garantizado para cualquier situación disfuncional. Hacer eso iría en contra de la propuesta pesimista de este blog. De lo que se trata es de demostrar su amplio nivel de utilidad y originalidad en tiempos en que todo acelera más y más, donde la multiplicación de estímulos es abrumadora y donde los criterios de calidad son cada vez más miserables y vulgares. Así, se crea un ambiente muy propicio para que se enarbolen aquellas prácticas del “todo vale” que presumen de presentar técnicas novedosas y que no hacen sino retornar a viejos mentalismos y rituales esotéricos que deberían quedarse en el arcano de la prehistoria.
“Hasta cierto punto el poder del número entre la gente parece apoyar aquello que se muestre novedoso siempre y cuando desafíe el conocimiento demostrable vigente. En ese terreno el argumento exitoso es siempre aquel que caricaturiza opciones racionales pero parsimoniosas, para oponerles fórmulas fenomenológicas “salvadoras” que preserven el Santo Grial de la naturaleza humana trascendente” (Montgomery, 2005).
Referencias
Análisis Experimental del Comportamiento y sus utilidades.
http://buecon.blogspot.com/2009/02/el-analisis-experimental-del.html
Montgomery, W. (2005). El Quehacer Conductista, Hoy. Ensayos de interpretación teórica y práctica. Ed. RPFA: Lima, Perú.
Psicología Conductista. http://es.wikipedia.org/wiki/Conductismo
Skinner, B.F. (1979). Contingencias de Reforzamiento. Cap. 4. Pp.75-95. En Análisis Experimental de la Conducta.
http://www.abacolombia.org.co/bv/semskinner/aec_contingencias.pdf
La psicología conductista es una corriente de pensamiento con tres niveles de organización científica, que se complementan y retroalimentan recíprocamente: el conductismo, el análisis experimental del comportamiento (AEC) y la tecnología para la aplicación que deriva del AEC, lo que algunos autores han denominado la ingeniería del comportamiento.
El primer nivel se refiere a la filosofía del conductismo o conductismo propiamente dicho, y entiende a este como la ciencia del comportamiento, es decir, como el estudio de la interacción entre el individuo y su contexto físico, biológico y social, cubriendo así un amplio rango de fenómenos psicológicos en los planos lingüístico-cognitivo, emotivo-motivacional y motor-sensorial. Es una filosofía de la praxis no reduccionista (ni fisiologista ni mentalista) que entiende al humano como un ser interactuante en una red compleja, donde se incluyen las demás personas y su ambiente situacional. Este es, en líneas generales, el firme sustento sobre el cual se erige la arquitectura conductual.
El AEC es la teoría-metodología, donde se formulan las categorías, las unidades analíticas, los parámetros, los paradigmas de investigación y las leyes y principios implicados en el manejo de los datos. El análisis se hace sobre lo que se denomina episodio de conducta o segmento de conducta. Las ecuaciones (como por ejemplo: K = f [E,O,R,C]) que implican el análisis de un segmento conductual determinado y representativo cubren todo el espectro organísmico y situacional, como por ejemplo: interrelaciones establecidas entre los factores estimulares, situaciones organísmico-disposicionales, clases de respuestas y consecuencias. Respecto al AEC se puede decir que comprende a su vez al análisis experimental propiamente dicho y al análisis funcional del comportamiento. El primero se refiere a la labor exhaustiva experimental a partir de lo cual se han descubierto y establecido las leyes básicas y complejas del comportamiento humano. B. F. Skinner elaboró este sistema científico y es uno de sus principales exponentes. Por otro lado, el análisis funcional tiene una dirección más práctica y aplicativa en los ámbitos clínico, educativo, social u organizacional, por decir los más conocidos, y se refiere al establecimiento de relaciones funcionales entre variables. Se evita, por las dificultades que acarrea, el concepto de “causa” como factor único de explicación y se propone el de “relación funcional”, entendida esta como la covariación entre los parámetros (frecuencia, magnitud, duración, etc.) de una variable con los parámetros de otra. Es así que, en un sentido estricto, el análisis funcional (AFC) consiste en identificar un subconjunto de las variables funcionales (aquellas que sean importantes, controlables y causales) cuya manipulación resulte en un cambio significativo de una determinada conducta (o conjunto de conductas) en una persona (o conjunto de personas) particular/es.
Por último, respecto a la ingeniería de la conducta, involucra lo tecnológico: todas aquellas elaboraciones procedimentales que, ligadas de alguna manera a los paradigmas de investigación básica y sus combinaciones, se han desarrollado como aplicaciones efectivas. Puede definirse como “la aplicación de conocimientos científicos para la elaboración, perfeccionamiento y manejo de técnicas de establecimiento, mantenimiento o eliminación de conductas”.
Esta es una ligerísima explicación de lo que es la Psicología Conductista y de lo que se propone hacer. A partir de estas ideas se pretendió dar algunas luces acerca de lo que se define como Análisis del Comportamiento, que es probablemente la esencia de este paradigma y de lo que vendría a ser una psicología científica. El análisis del comportamiento va, por un lado, indesligablemente anclada a una filosofía práctica, clara y de amplitud explicativa y, por el otro, determina un nivel de aplicabilidad riguroso, eficaz y coherente. En suma, esta línea de acción nos parece la más sensata en momentos de gran irresponsabilidad intelectual y profesional.
La cuestión ahora no sería si poseemos herramientas y procedimientos rigurosos y confiables, con basamento científico y de probada eficacia. El problema ahora sería si queremos utilizarlos. En este punto es válido decir que no se trata de “vender” la idea de que la psicología conductista sea el medio de cambio garantizado para cualquier situación disfuncional. Hacer eso iría en contra de la propuesta pesimista de este blog. De lo que se trata es de demostrar su amplio nivel de utilidad y originalidad en tiempos en que todo acelera más y más, donde la multiplicación de estímulos es abrumadora y donde los criterios de calidad son cada vez más miserables y vulgares. Así, se crea un ambiente muy propicio para que se enarbolen aquellas prácticas del “todo vale” que presumen de presentar técnicas novedosas y que no hacen sino retornar a viejos mentalismos y rituales esotéricos que deberían quedarse en el arcano de la prehistoria.
“Hasta cierto punto el poder del número entre la gente parece apoyar aquello que se muestre novedoso siempre y cuando desafíe el conocimiento demostrable vigente. En ese terreno el argumento exitoso es siempre aquel que caricaturiza opciones racionales pero parsimoniosas, para oponerles fórmulas fenomenológicas “salvadoras” que preserven el Santo Grial de la naturaleza humana trascendente” (Montgomery, 2005).
Referencias
Análisis Experimental del Comportamiento y sus utilidades.
http://buecon.blogspot.com/2009/02/el-analisis-experimental-del.html
Montgomery, W. (2005). El Quehacer Conductista, Hoy. Ensayos de interpretación teórica y práctica. Ed. RPFA: Lima, Perú.
Psicología Conductista. http://es.wikipedia.org/wiki/Conductismo
Skinner, B.F. (1979). Contingencias de Reforzamiento. Cap. 4. Pp.75-95. En Análisis Experimental de la Conducta.
http://www.abacolombia.org.co/bv/semskinner/aec_contingencias.pdf
Primero que nada, enviarte mis felicitaciones por tan brillante idea de aunarnos a las huestes del ciberespacio.
ResponderSuprimirPor otro lado, solo converger algunas ideas a tu post, que por cierto es muy interesante.
Me parece sumamente importante tu pregunta sobre ¿qué debemos cuestionarnos ahora los que conocemos “algo” de la opción paradigmática conductista? y creo que en general los psicólogo a todo nivel. Respondiendo a dicha pregunta, creo que bien has mencionado que la cosa estaría en QUERER usar las herramientas, procedimientos, etc. Metodología, que la investigación y la evidencia empírica se ha encargado de sustentar desde los primeros albores del conductismo y de la psicología experimental per se. Hasta ahí todo bien, pero creo que podría agregar algo importante que es: “si PODEMOS usar todo lo que hasta ahora se ha estudiado y comprobado”, es decir, la pregunta adicional a la tuya sería, ¿un estudiante de psicología en nuestro medio, se gradúa y titula estando o teniendo la capacidad suficiente que deberíamos tener los psicólogos, científicos del comportamiento?, es evidente que ese facilismo “aplicativo”, en nuestra profesión, se ve reforzado muchas veces, por una currícula universitaria que fomenta dichoso terror a la investigación y a la experimentación (como sucedía con las matemáticas en los colegios otrora) que según considero hace al profesional psicólogo un científico del comportamiento. Pues, recordemos que un psicólogo preparado tiende a poder considerarse a ser profesional y científico a la vez. Asimismo, muy a menudo considero, que el intento de muchos conductistas en la actualidad y su ímpetu por desarrollar y aplicar programas de modificación conductual (sobre todo, los que recién iniciamos en el mundo tecnológico – aplicativo del asunto), hacen que NO distingan bien el grado comparativo entre un mero psicólogo (aplicador de pruebas, consejero, “seguidor de consejos o como bien has dicho en tu post adjunto, psicólogos chamanísticos), y un científico del comportamiento, inclinándose muchas veces, por las posturas cognitivas (mentalistas) y opacando su visión conductual, quizá, no solo por el criterio “marketero” que dá el erigirse cognitivo, cognitivo – conductual o en suma conductual – cognitivo, sino, por la rigurosidad de la aplicabilidad y el manejo de la tecnología, en sí, aunado a la imposición de sus instancias laborales (que impiden el trabajo “ético” de un científico comportamental). Por ello, es posible que como bien se ha mencionado antes, la permanencia y constancia permiten quizá que un conductista sea tal (profesional y científico), sin morir en el intento.
Un abrazo, tu amigo
MARCO
Gracias Marco y estoy de acuerdo contigo en tus comentarios. Quisiera, sin embargo, tocar la pregunta que propones:
ResponderSuprimir“¿Un estudiante de psicología en nuestro medio, se gradúa y titula estando o teniendo la capacidad suficiente que deberíamos tener los psicólogos, científicos del comportamiento?”
Tal vez No, pero no sólo por culpa del currículo o de la facultad o de los profesores. No deberíamos exteriorizar toda la responsabilidad (no digo que tú lo estés haciendo). Nosotros debemos asumir una responsabilidad de investigador del comportamiento y no sólo la de profesional consejero, terapeuta, facilitador, capacitador, etc.
Es decir, existe, como bien podemos comprobar, la idea de que la psicología es profesión y sólo eso. Se olvida de que es en esencia una ciencia (aun cuando esa sea una discusión epistemológica), y como ciencia debe admitir un perfil de persona propio de ese tipo para mantener su estatuto científico y su originalidad. La tendencia actual nos indica que vamos hacia la plena psicología profesional, dejando un poco de lado la ciencia del comportamiento. Y como ya nos ha dicho un investigador colombiano: “Para nadie es secreto que la oferta cada vez es más profesionalmente orientada y esto es algo azaroso, pues al fin y al cabo la misma “teoría popular” asume que la psicología es un profesión más que ciencia, así las cosas, ¡qué mas obstáculo puede haber que volver científico al que no quiere!
Otro abrazo para ti,
Fredrik.
Claro que si, el considerar a un psicologo desde su estatus de profesional y no de científico solo refuerza una idea: "la de la praxis apresurada" y con ello un fatalismo hacia la investigación del comportamiento, como se estilaba hacía algunos años, atrás.
ResponderSuprimirEsperemos pues, como bien lo has mencionado, haya una alianza entre lo que se dice, se hace, y se expone, para poder considerar a nuestra disciplina una ciencia y profesión, y encaminarnos a un estatus quo de ciencia normal, quizá (sin dejar de ser soñador.
Nuevamente,saludos.
MARCO